A Dios rogando. Devociones tradicionales

A Dios Rogando


A Dios Rogando. Devociones tradicionales

CONTENIDO: La exposición nos ofrece un recorrido por las devociones tradicionales a través de tres capítulos: En misa y en la procesión, días de misa y olla y las devociones privadas

LUGAR: La Casa Encantada. Briones, La Rioja

FECHA: 24 de julio al 1 de noviembre de 2015


Las devociones tradicionales se manifiestan sobre todo en celebraciones colectivas en torno a las fiestas, y el verano es tiempo para ellas. Pero también se desarrollan en el ámbito doméstico y familiar, y la exposición A Dios rogando es un recorrido por ellas a través de tres capítulos:

  • En misa y en la procesión. Rara es la fiesta tradicional que no tenga un alto contenido religioso y devocional. Para pedir ayuda a Dios o para agradecerle sus favores. Fiestas de Gracias se llaman en La Rioja a las que se celebran al final del verano para agradecer el producto del esquileo y la cosecha del cereal antes de empezar con la vendimia. Y nunca como ahora el verano se ha convertido en tiempo de celebraciones y fiestas, porque a las propias de su estación se han incorporado en muchos pueblos las del ciclo del invierno, sobre todo en aquellos que han perdido gran parte de su población trasladada a las ciudades, y los largos días del verano se convierten en lugar de cita o de encuentro para retomar aquellas a las que no se pudo asistir por estar lejos y ocupados en otras obligaciones.
    Y las fiestas tradicionales tienen como núcleo principal la misa y la procesión. Luego vienen los bailes y las comidas en grupo. Pero el día de la fiesta, con las mejores ropas estrenadas para la ocasión, se celebra la misa de acción de gracias y se saca en procesión la imagen que se festeja, como una manifestación pública, en la calle, de esa gratitud. En La Rioja además es frecuente incorporar un baile ritual ante la imagen festejada, un baile por lo general de hombres solos que visten faldas ceremoniales. La más espectacular es sin duda la danza de Anguiano en honor a Santa María Magdalena, ejecutada sobre zancos y con largas faldas. Pero también hay danzas ante Santo Domingo de La Calzada delante de la catedral o ante Santiago en Nieva de Cameros. Luego le siguen las jotas, más participativas después de la procesión.

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  • Días de misa y olla. No hay celebración que no vaya acompañada de una comida específica y característica, que se consume sólo en ese día o con ese motivo. Sobre todo dulces, de sartén o de horno. Con la expresión Días de misa y olla se alude además a las fiestas grandes en las que la ceremonia religiosa lleva también una comida especial. Una comida muchas veces compartida y ritual. Son las romerías acompañadas de comidas en el campo. O las comidas en la casa de hermandad o de la cofradía. O la comida repartida y compartida después la misa. Muchas tienen un origen de caridad para socorrer a los más necesitados, que con el tiempo se han convertido, afortunadamente, en una comida de fraternidad. También tienen su origen en un voto o una promesa, renovado a lo largo del tiempo.
    A la fiesta de S. Antón se le acompaña de chorizos o panceta asados. Pan y queso se reparte en Quel en su famosa celebración del Cristo de la Transfiguración. Y panceta y cordero en la Caridad Chica y la Caridad Grande de la Virgen de Lomos de Orio en Villoslada de Cameros.
    A veces estas comidas requerían de una elaboración más completa en la cocina, como en el caso de las Habas de S. Antón de Ojacastro o la Patatada de Carrasquedo en Grañón, y para transportarlas hasta el comedor común se usaban las ollas de cofradía, grandes recipientes de barro con cuatro asas para pasar unos palos y facilitar su traslado entre varios cofrades.
    Más abundantes son las celebraciones con dulces. S. Blas, patrón además de los males de garganta, se celebra con rosquillas, roscones y panes dulces. Panes dulces, roscas y tortas se hacen para las fiestas de S. Marcos, S. Prudencio, la Virgen del Carmen, S. Pantaleón y la Asunción. Estos dulces, además de su forma específica, también llevan grabados con sellos de pan símbolos religiosos o la imagen del patrón sobre la masa tierna antes de cocer. Posiblemente el más singular es el Mollete del Santo de Sto. Domingo de la Calzada con todos los atributos de sus milagros e iconografía en relieve, hechos para guardarlos y asegurar su protección a lo largo del año.

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  • Las devociones privadas. En la sociedad tradicional, profundamente imbuida del sentimiento religioso, las devociones personales eran tan frecuentes y numerosas como las públicas y compartidas. Oraciones y objetos devocionales acompañaban al hombre desde la cuna hasta la tumba. Pequeños símbolos de uso personal y carácter protector, como medallas, cruces y escapularios, e imágenes de todo tipo colocadas en los distintos rincones de la casa eran habituales en la vida cotidiana. Desde antiguo ha sido común presidir el dormitorio matrimonial con un Cristo y el comedor desde el S. XIX con una Ultima Cena. Imágenes de santos, sobre todo Vírgenes, ocupaban lugares preferentes en las mejores habitaciones de la casa. Y desde el S. XIX se generalizó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús manifestada en imágenes, en placas de puerta para la protección de la casa, y en otros pequeños objetos de uso personal.
    Pero aunque estas devociones se desarrollaban en el ámbito doméstico, fuera de los controles eclesiásticos y litúrgicos, eran también devociones a menudo compartidas y formaban parte de la educación religiosa familiar: el rezo del rosario en familia, la bendición de la mesa o las oraciones infantiles antes de dormir constituían –constituyen- un espíritu que se transmitía de generación en generación. Y a veces estas prácticas religiosas saltaban del ámbito estrictamente familiar y se compartían con otras casas, con otras familias. Hoy ha caído en desuso, aunque todavía se ven algunos ejemplos, la devoción de pasar una pequeña imagen de casa en casa, donde permanecía unos días antes de pasar a la siguiente. Eran sobre todo Vírgenes de distintas advocaciones, alojadas en el interior de capillas portátiles, a las que se rezaba y se ofrecía limosnas que ayudaban a mantener su culto en la iglesia donde estuviera alojada la imagen principal.
    Y es que en la cultura tradicional el sentimiento religioso cobraba una enorme importancia, que se manifestaba en pequeños actos del día a día o daba lugar al arte religioso que ha recorrido nuestra Historia.

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La exposición cuenta con piezas del propio Museo de La Rioja y de documentos devocionales –estampas, novenas, grabados- recogidos para la ocasión, para dar una visión de conjunto de lo que eran y son las creencias tradicionales y su forma de manifestarse. En público y en privado.

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